La negacion generadora de violencia

La comisión de un delito como el de genocidio reviste una alta peligrosidad, desprecio y ofensividad hacia el sujeto pasivo que lo padece.

Es decir, la violencia que se emplea es efectiva y premeditada. Cuando el sujeto activo que ejecuta el genocidio, niega terminantemente que lo haya cometido, genera en los sobrevivientes el padecimiento de una doble violencia. Esta doble violencia que padecen constantemente los armenios no pudo contenerse décadas atrás, cuando grupos secretos y armados, decidieron actuar efectivamente con la misma violencia con la cual habían sido víctimas sus padres, pero no contra la población turca inocente sino contra el gobierno heredero de la política Genocida y Negacionista que reinaba y sigue reinando en Turquía.

El primer caso de respuesta ante la impunidad fue la cometida por Soghomón Tehlirian, quién asesinó al Gran Visir Ahmed Talaat Pashá en Berlín (1921), aunque fue sentenciado por el Tribunal Alemán como inimputable por demente, llevó una vida normal hasta sus últimos días lejos de ese país. Otros casos similares se llevaron a cabo en aquellos primeros años, directamente contra los sujetos que idearon, prepararon y ejecutaron el iter genocidius (camino al genocidio). El cincuentenario del Genocidio Armenio y la guerra de guerrillas que reinaba en muchos puntos del planeta, otorgó a los armenios la oportunidad de gritar justicia de la manera menos convencional: la VIOLENCIA.

Más allá de que la República de Turquía negase rotundamente la existencia de un genocidio armenio en su territorio, la recepción de la Comunidad Internacional (Estados, Mandatarios, Diplomáticos, Organismos Internacionales, etc.) era escasa. Para que se revirtiera esta situación, un grupo de armenios recurrió a un antiguo concepto de dar lo que uno recibía. Para el A.S.A.L.A. (en castellano: Ensamble Armado Secreto para la Liberación de Armenia) los armenios debían de devolver con más terror el terror que habían sufrido los mártires armenios. Más allá de analizar subjetivamente la animosidad vengativa o no de aquél grupo para con sus actividades, el objetivo fue inmediato: muchos estados comenzaron a encausar sus debates parlamentarios para tratar la “Causa Armenia”.

El A.S.A.L.A. como también otros grupos, se dedicaron a llevar a cabo actos terroristas contra diplomáticos, políticos y negacionistas turcos en zonas que estratégicamente llamaran la atención mundial. Después de la reacción que generó el cincuentenario (1965) del genocidio armenio en el mundo, la acción armada de los armenios (1975) desató frutos inmediatamente: los reconocimientos internacionales.

El A.S.A.L.A. ya no existe y muchos de aquellos jóvenes, que vivieron en carne propia el terror que padecieron sus padres y abuelos víctimas del genocidio perpetrado por los turco-otomanos, hoy están fallecidos, en alguna prisión o tal vez llevando una vida normal.

Ha sido lamentable que el mundo haya destapado sus oídos recién cuando la violencia llamó a su puerta.