Nació en San Cristóbal de los Andes (Venezuela) el 14 de Octubre de 1879.

Era biznieto por linea paterna del coronel Don Pedro Luis de Inchauspe, prócer de la independencia de Venezuela y descendiente por la madre del conquistador capitán Don Diego de Méndez.
Cuando estalla la primera guerra mundial viaja a Europa con la intención de integrarse a los ejércitos aliados pero termina en el bando contrario combatiendo el los ejércitos turcos. Su educación militar y una gran aptitud aventurera lo llevaron a ofrecer sus servicios para el Imperio Otomano en 1915.

Se le asignó sitiar la antigüa capital armenia de Van, en la cual vivían miles de armenios a principios del siglo pasado. Su misión era sofocar el avance del Ejército Ruso sobre el Imperio pero se encontró con cuadros que no esperaría ver. Más aún, por momentos su vida corrió peligro a causa de las atrocidades que había presenciado. Dejó su testimonio sobre el libro titulado “Cuatro años bajo la Media Luna”. En él un fragmento:

“Se cristalizó la persecución de armenios en forma de deportaciones en masa, que daban el mismo resultado que la masacre directa, pues de las innumerables caravanas de millares y docenas de millares de deportados que salían de las regiones costañeras del Mar Negro y del centro y Oeste de Anatolia, con rumbo a los desiertos de Siria y Mesopotamia, tres cuartas partes, y en ocasiones quizás el 90 o 95% de sus tripulaciones, solían sucumbir en el camino a causa del tifus y de las privaciones.

Los que parecían de hambre, caían a la larga víctima de los bandoleros kurdos y circasianos, y no pocas veces hasta de sus propias escoltas de gendarmes, quienes, cansados al fin de bregar con aquellos infelices, se deshacían de ellos a culatazos, o los obligaban, a fuerza de balazos, a atravesar a nado ríos caudalosos, en que dichas caravanas de esqueletos ambulantes se sumergían para no volver a reaparecer ya nunca más.

Yo he visto en las márgenes del Eufrates los cuerpos carcomidos de decenas y quizás hasta centenares de niños y mujeres armenios sirviendo de pasto a los buitres y chacales.

No cabe duda de que las matanzas y deportaciones obedecieron a un plan muy bien trazado del partido retrógrado, encabezado por el Gran Visir Talaát Pashá y las autoridades civiles a su mando, para acabar primero con los armenios, y luego con los griegos y demás cristianos, súbditos otomanos, en el Imperio.

Para ilustrar la criminal indiferencia con que las autoridades civiles otomanas contemplaban el martirio y el suplicio de un millón y medio de cristianos que pereció durante dichas matanzas, creo que basta recordar la siguiente frase que profirió el Gran Visir Talaát Pashá durante cierta entrevista suya con el Ministro americano, Mr. Morgenthau…

-¿Las matanzas? – ¡que vá! – ¡Aquello sólo me divierte!-“.

Nogales muere en Panamá en 1937.