El progreso en reversa

A principios de 1900 las masas reclamaban garantías y derechos constitucionales; los obreros y campesinos no querían ser explotados.

Los pueblos y minorías étnicas que conformaban el Imperio Otomano, además de estos reclamos, exigían no ser tratados como ciudadanos de segunda con derechos limitados y garantías suspendidas. Solicitaban a las autoridades un corte definitivo a las constantes violaciones sufridas a la propiedad privada y a los ataques sobre su población.

Cuando los reclamos armenios comenzaron a hacerse escuchar, el Sultán Hamid II reaccionó con más masacres sobre los pueblos y aldeas armenias.En el Imperio comenzaba a crecer una nueva fuerza que prometía construir un estado laico con igualdad de derechos y garantías inclusive para las minorías étnicas. En 1905, en Salónica la comunidad Donmeh (Judíos Sefaradíes convertidos al Islam), había desarrollado grupos secretos que deseaban desembarcar sobre Istambul para apoderarse del Imperio y terminar con la predominante presencia comercial de los armenios. Se conformaba el Partido “Unión y Progreso” (Ittihad ve Terakkí) de los Jóvenes Turcos. El partido estaba liderado por Ismael Enver, Ministro de Guerra, Mehmet Talaat, Ministro del Interior y Ahmed Djemal (Çemal) Ministro de Marina y Gobernador. Igualmente todos sus miembros estaban muy íntimamente emparentados: Halil Mentese, era tío de Enver y comandante de las fuerzas otomanas, como así también Nurí Killigil; Jevjedt Bey era cuñado de Enver y Gobernador de Van, mientras que Mustafá Abdulhalik Rendá era cuñado de Talaat y gobernador de Bitlís. Todos ellos conocían muy bien a los armenios. Conocían el poder de sus intelectuales y poetas capaces de organizar cualquier tipo y forma de revolución y la valentía de sus hombres y mujeres a la hora de defenderse y atacar al enemigo, la cual fue demostrada en varias oportunidades dentro del propio ejército turco (guerra de los Balcanes). El Ittihad ve Terakkí prometía un parlamento con participación en el mismo de todas las minorías del Imperio. Se trazó pues, la meta de amputar el tiranismo del Sultán Rojo. En esta oportunidad, los armenios no dudaron en apoyar a los jóvenes turcos en el proyecto de derrocamiento de Abdul Hamid. El 24 de Abril de 1908 (fecha emblemática para las decisiones del Partido), los Jóvenes Turcos se abalanzaron desde Salónica contra la Sublime Puerta de Abdul Hamid, logrando así su derrocamiento. Para no perder la significación de la figura sultánica, los dirigentes del Partido Unión y Progreso ubicaron como Sultán a Murat V, hermano de Hamid. Estos dirigentes tenían todo ya planificado desde su formación secreta en Salónica. Formaron una pantomima parlamentaria que albergaba diputados de distintas vertientes, inclusive varios de origen armenio. No obstante, las ideas de Unión y Progreso no albergaban la cohesión de todos los pueblos del Imperio y su desarrollo, sino más bien tenían encubierta la póstuma idea de la Turquificación total de todos los factores sociales del Imperio. Turquificación era sinónimo de Panturanismo (Anhelo Imperial de Unión con las razas mongoloides del Asia Central) y por ende implicaba el germen del futuro Genocidio Armenio. En reuniones secretas del Ittihad, el Dr. Nazim (ideólogo e importante miembro del partido) junto al Dr. Bahaeddín Shakir, hablaban sobre los armenios como enemigos internos, que habían demostrado que era imposible turquificarlos por la fuerza y que seguramente, como lo indicaba la historia, apoyarían a cualquier poder en el mundo que les asegurase la posibilidad de recrear un Estado Armenio independiente. La causa búlgara tuvo como resultado Bulgaria, lo mismo sucedió con otras causas y pueblos que se independizaban del Imperio en occidente destruyéndolo. Pero nunca permitirían una Causa Armenia.

Hacia oriente y bajo el control de Rusia en Asia central, existían varios pueblos de origen turco que simbolizaban la posibilidad de restaurar el Imperio Otomano conformando un mercado común turco.

Con salida al Mar Mediterráneo, este proyecto se conoce como Panturquismo y sólo habían dos obstáculos para esto: los armenios y Rusia. Los armenios, porque podrían interrumpir este proyecto logrando la independencia de su Estado provocando una barrera geográfica entre Turquía y el resto de los pueblos de origen turco. De esta manera darían lugar a establecerse en la zona a cualquier potencia enemiga de Turquía que ayudase a concretar la restauración de un Estado Armenio.

La esperanza de gozar de derechos civiles, económicos y sociales dignos, se esfumó con la matanza de 30.000 armenios en la ciudad de Adaná en 1909. Ya entonces muchos grupos de autodefensa reconocieron que la reconstitucionalización inspirada por Midhat Pashá era nuevamente una farsa. Muchos grupos de autodefensa organizados por los partidos políticos armenios comenzaron su propia lucha. Los turcos pidieron a los dirigentes armenios que convenzan a sus pares bajo el dominio de Rusia para que apoyen al ejército turco en una probable invasión del mismo a la región del Cáucaso. Los dirigentes armenios respondieron que frente a una nueva contienda entre Rusia y Turquía, los armenios serán leales a los respectivos estados aunque esto signifique una guerra entre compatriotas enrolados en ejércitos opuestos. Fue así que los armenios avanzan tempestuosamente sobre los turcos en 1917. Con la ayuda de Rusia, el ejército armenio cacheteó fuertemente al Ministro de Guerra Enver Pashá, quién respondería con el método genocida sus derrotas en Mush y Sarikamish. Los turcos tenían un plan secreto contra los armenios que pondrían en práctica en cuanto llegase la oportunidad, y lamentablemente el comienzo de la Primera Guerra Mundial, fue “esa” oportunidad. Haciendo honor a sus ancestros mongoles, el plan consistía en una gran masacre pero más organizada y letal que las que ya se habían registrado en la época del Sultán Hamid II. El plan fue ideado, premeditado, planificado y sistemáticamente ejecutado. Se pueden diferenciar varias etapas:

Desarme: Se confiscaron las armas de la gran mayoría de la población. Armas que habían sido entregadas a la población para la guerra Ruso-Turca.

Decapitación Intelectual del Pueblo: Primeramente se desharían de los intelectuales, políticos, poetas y religiosos, para evitar que el pueblo pueda organizar una rápida y eficiente defensa. El secuestro de más de 600 intelectuales comenzó precisamente un nefasto 24 de Abril de 1915, en la ciudad de Estambul.

Desmasculinización: No habían dejado nada al azar, con la excusa de la Gran Guerra enrolaron en el ejército turco a todos los hombres armenios entre 15 y 45 años, lo suficientemente fuertes como para sostener un fusil que nunca se les entregó. A los soldados sólo se los utilizó como mano de obra para construir trincheras que inmediatamente se transformarían en sus propias tumbas.

Eterna Caravana hacia la Muerte: La Deportación. Los turcos debían borrar de la faz de la tierra a los armenios y todo vestigio de cultura armenia, para que nunca exista una “Causa Armenia” basada en reclamos territoriales o garantías y derechos para las minorías. Las órdenes las dio el mismo ministro del interior Talaat y debían ser cumplidas “… sin titubeos y haciendo caso omiso a la conciencia…”, decía su terrorífico telegrama. Sucede que las órdenes eran tan inhumanas que algunos soldados turcos o jefes del ejército, no podían creer lo que se les estaba pidiendo, y pedían explicaciones o aclaraciones. El resultado: fueron fusilados aquellos que se negaron a responder las tales órdenes.

Talaat había sido muy claro, “… los armenios habían perdido el derecho a la vida en el Imperio Otomano… ” pero como no se podía malgastar municiones en ahorro de guerra, se los debía matar a cuchillo, o ahogándolos en el río Eufrates, entre otras metodologías abominables. En los poblados y aldeas solo quedarían hombres enfermos, adolescentes, mujeres y ancianos. A ellos les esperaba la otra parte del plan: la deportación. Se colgaba en la plaza central de cada pueblo, un aviso el cual decía que la población debía partir para la “reubicación”. El pretexto consistía en hacer creer a los armenios que se reubicaría a la población para llevarlos a una zona de exclusión bélica, que los protegería de los efectos de la guerra reinante. Estaban planificadas todas las rutas de deportación, al norte se los ahogaría en el Mar Negro, los que vivían en el centro de Anatolia, serían llevados sin víveres y caminando hasta el desierto de Der Zor, donde serían arrojados a los pozos naturales de éste desierto para luego quemarlos. Los métodos de aniquilamiento eran realmente espantosos y obviamente no se respetaba ni el sexo ni la edad de las víctimas. Las órdenes de Talaat aclaraban que no debían vivir ni en el vientre de sus madres. El río Eufrates de aguas cristalinas, durante días presentó un color rojo de transportar cientos de cadáveres. Por otra parte, miles de mujeres y niños terminaron sirviendo en los harenes de los Pashá (Jefes) Turcos, por lo que hoy día muchos ciudadanos turcos desconocen que su verdadero origen pertenece a la raza armenia.

Los Sobrevivientes: El plan de exterminio del pueblo armenio era perfecto, pero lo que impidió su consumación efectiva fueron las fuerzas rebeldes armenias conformadas por hombres y mujeres voluntarios que con gran valentía impidieron, al menos por varios meses la invasión de los turcos en algunos pueblos y aldeas, por lo que hubo algunos sobrevivientes al Genocidio. Otros sobrevivieron porque fueron confundidos con cadáveres, o porque se pudieron esconder durante la deportación o ya fuere que fueran comprados por los árabes. Cabe hacer referencia que hubieron muchos que sobrevivieron gracias a algún vecino turco o kurdo que no aceptaba la política de su Imperio. En tal caso, era la pena de muerte lo que les esperaba a aquellos turcos que transgredieran o dieran cobijo a algún armenio. El Imperio Otomano sumido en una vergonzosa derrota bélica llega a su fin. Los griegos, franceses, ingleses e italianos se reparten de momento, los restos del Imperio. Mientras tanto, muchos armenios se repatriaban nuevamente hacia sus hogares ancestrales, sin sospechar que con el resurgimiento de Turquía, continuaría el plan genocida. Aunque los Jóvenes Turcos son condenados a la pena de muerte por un tribunal turco, acusados de organizar y ejecutar el Genocidio contra el pueblo armenio, el mismo prometía un continuador. Mientras los Jóvenes Turcos disfrutaban de su exilio y falsa condena, el gobierno turco es tomado por la fuerza y queda en manos de Mustafá Kemal “Atatürk”, quién llevará a cabo meticulosamente con el plan genocida contra el pueblo armenio hasta el año 1923.