Armenia

Armenia comprende una vasta región que se extiende hacia el noroeste de Anatolia (Asia Menor) hasta alcanzar la porción sur de las montañas del Cáucaso. No es posible fijar límites políticos precisos, ya que los mismos han sido modificados constantemente en el curso de las guerras que el país ha sufrido durante su larga historia.

Templo de Garní

Orográficamente está formada por altas mesetas con alturas de 1500 a 1800 m, las que se hallan limitadas por las cadenas orogénicas del Cáucaso y del Ponto hacia el norte, y los montes del Tauro y Kurdistán (actual norte de Irak e Irán) hacia el sur. Dominan la región poderosos conos volcánicos como el Gran Ararat con una altura de 5165 m, así como profundos valles que labran su relieve albergando los cauces de los ríos Tigris, Eufrates, Arax y Kura, entre otros.

Su pueblo, evolucionado bajo las características propias de las zonas con importantes relieves y variaciones climáticas, es dueño de un origen que se pierde en la remota oscuridad del pasado, lo que ha favorecido todo tipo de mitos y leyendas que llevan su fundación hasta un antepasado común de nombre: Háik, quien habría creado a Armenia denominándola Haiastán (país de Háik).

Con una fundamentación seguramente más científica los eruditos contemporáneos sugieren casi en forma unánime que el pueblo armenio descendería de varías ramas autóctonas que alrededor de los s. X y VII a.c. se fundieron con los urartianos (o araratianos según el idioma original que se utilice) que se desarrollaban en las proximidades de los lagos Van y Urmiá. Según la opinión de los historiadores y geógrafos clásicos (Heródoto y Estrabón) los antepasados armenios habrían migrado desde Tracia, Frigia y quizás Tesalia instalándose en el Asia Menor y generando una particular mixtura con los pueblos locales.

Estos puntos de vista no tendrían que ser necesariamente contradictorios ya que el pueblo armenio conforma una indudable amalgama entre varios pueblos originarios e inmigrantes (Hurritas, Urartu, Nairi, Hayasa, etc.) que según el registro arqueológico, hacia el año 600 a.c., habían emergido en forma conjunta con una identidad y una lengua claramente indoeuropea. A tal respecto cabe aclarar que en las incripciones halladas, datadas para la época de Darío el Grande (521-486 a.c.), este pueblo era denominado como Armina o Arminya por los persas, Urashtu por los babilonios y Harminu por los elamitas.

Después de un modesto principio, este pueblo se convirtió en reino y éste en un estado floreciente. En lucha perpetua con Asiria fue a menudo derrotado y a veces conquistado. Pero se sobrepuso a las derrotas y en el s. VII a.c. ocupó un vasto territorio entre el lago Seván, el lago Urmiá, el alto valle del Tigris y del Melés con capital en Thushpá (Van). Pero en ese momento las invasiones de los cimerios, de los escitas y después de los medos trajeron grandes desórdenes al Asia Menor.